miércoles, 12 de marzo de 2008

viernes, 29 de febrero de 2008

Vista la Historia como una cadena de acciones y reacciones, donde a las fuerzas de un grupo se oponen las fuerzas de otro grupo, los dos en busca del poder o la razón mediante la violencia, me preguntaba cuál sería el origen del capitalistmo. No me conformo con los nombres de Bentham, Smith o Keynes.

Entonces, pienso que para evitar caer en una retrospección infinita y sin sentido, buscar el origen humano del sistema torturador, debería buscar una conducta que no es difícil detectar tras todo este tormento: la ambición, manifiesta en el hábito de acumulación material. Leyendo el libro del Eclesiastés me encuentro con lo siguiente:

"Una cosa realmente lamentable he visto en este mundo: que el amontonar riquezas va en perjuicio de su dueño"(1)

"El que ama el dinero, siempre quiere más; el que ama las riquezas, nunca cree tener bastante. Esto es también vana ilusión, porque mientras más se tiene más se gasta. ¿Y qué se gana con tener aparte de contemplar lo que se tiene?"(2)


Estos fragmentos suenan terriblemente actuales, y digo terriblemente pues no es nada alentadora la durabilidad de esta conducta. Pero una realidad dual se construye en este caso con el desmedro de muchos para el beneficio de pocos, y el mismo libro nos da la clave de su época… y de la nuestra:

"No te sorprendas si en algún país ves que se oprime al pobre y que se hace violencia a la justicia y al derecho, porque a un alto oficial lo encubre otro más alto, y otros más altos oficiales encubren a estos dos. ¡Y a eso se le llama progreso del país y estar el rey al servicio del campo!"(3)


Maldita dicotomía social, ambición de por medio, que subsume al pobre en la opresión y lo empobrece aún más. ¿Podremos dar vuelta la tortilla? Es probable, pero eso implicaría adoptar sus métodos y yo ante todo soy un humanista. Me niego a ello. Sé que suena tibio, a mí también me parece poco decidido, pero no creo que la violencia genere a la larga buenas realidades. O al menos algo mejor que la actual. Tomaré para cerrar unos versos de Vinicius de Moraes, fragmento de "Mensaje a la poesía":

"…Oh, pídanle
Que me perdone, a su triste e inconstante amigo
A quien le fue dado perderse de amor por su semejante
A quien le fue dado perderse de amor por una casita
Por un jardín al frente, por una niña de rojo
A quien le fue dado perderse por amor al derecho
De todos a tener una casita, un jardín al frente
Y una niña de rojo; y a quien perdiéndose
Le es dulce perderse…
Por eso convénzanla, explíquenle que es terrible
Pídanle de rodillas que no me olvide, que me ame
Que me espere, porque soy suyo; sólo suyo, pero que ahora
Es más fuerte que yo, no puedo ir
No es posible
Me es totalmente imposible
No, no puede ser
Es imposible
No puedo."(4)



NOTAS
(1) Ec. 5. 13.
(2) Ec. 5. 10-11.
(3) Ec. 5. 8-9.
(4) MORAES, V, Antología poética, trad. por María Rosa Oliver. Buenos Aires: De la flor, 1970, pp. 150-151.

jueves, 21 de febrero de 2008

El patito feo

"El patito feo, después de tanto sufrir, se miró en el espejo de las aguas y se vio convertido en un bello cisne. El hijo del granjero gritaba alborozado que tenían el más hermoso cisne de los contornos. Orgulloso, el ex patito feo pensó que sus problemas terminaban. Pero no era así, pues vino el granjero, lo miró ceñudo, murmuró que los cisnes no se comen, y lo echó a patadas del estanque."

Mario Halley Mora (Cuentos y Microcuentos, Paraguay, 1976)

miércoles, 20 de febrero de 2008

Dialéctica del amo y el consumidor

No se sabe dónde empieza ese diálogo, tal vez en las góndolas que se pavonean con sus nuevos páckagings, tal vez en las publicidades multimediáticas que se nos pegan en el ojo, se acomodan en el oído, urgan nuestra nariz y nos patinan la piel con sus mensajes de consumo; perhaps, perhaps, perhaps...

Vendría a ser como el eterno dilema del huevo y la gallina (respecto del cual sí tengo una respuesta convencida), sólo que en este caso lo importante no es saber dónde empieza el ciclo vicioso, sino quién. Creí que estaba muy segura cuando respondí "pues obvio, en el productor", pero ¿sabe qué?, ahora ya no me arriesgaría con esa respuesta. Lo cierto es que donde hay quien hay quien compra y viceversa.
La cuestión es que el productor no es el personaje tipo de los cuentos rusos, ni nada que remotamente se le parezca. El productor, el amigo P, es un señor o una señora que hace cosas para vender (VENDER eh!), vende y acumula capital, luego usa algo de eso para hacer más capital y así seguiría en su monólogo feliz si no fuese porque le salen al paso otros personajes más truhanes que confabulan para quedarse con parte de su capital, o lo que es lo mismo: el pez grande se come al chico. Porque para todo P es bien claro que el capital no es una cosa infinita, al contrario, es limitado y para tener más hay que sacárselo a otro.
Me acuerdo de Big Fish (Tim Burton, 2003) y trato de imaginármelo a Albert Finney devorando pequeños peces. Este pez despierta preguntas sobre la razón y sus demonios y si no fuera por la abúlica salvación a través del amor tan a lo Hollywood, la película sería apasionante. Pero no, ahí está don Amor-a-lo-Hollywood, este odioso ente que, no conforme con vendernos objetos de consumo muy diversos, también nos vende una forma de ver, de sentir, de amar, un modelo de vida e incluso uno de rebelión contra ese sistema de vida. Todo está ahí, embalado y listo para su consumo.
Entonces, uno de nosotros inevitablemente empieza el diálogo y, atento y servicial, paternal y omnipotente, ahí está el mensaje con la respuesta, ahí está el Amo, dispuesto a entregar un poco de su infinita sabiduría a cambio de una bajada de cabeza.
Oh, escucho y obedezco.

jueves, 14 de febrero de 2008

PROPUESTA PARA UNA NUEVA DENOMINACIÓN: CAPITALISTMO

El término utilizado actualmente es "capitalismo" y proviene del latín capitalis, cabeza, a su vez derivado del indoeuropeo kaput. Esto hace referencia a las cabezas de ganado, ya que esa era la medida de la riqueza en la antigüedad. Kaput ha llegado a nuestros tiempos casi como la onomatopeya de un estallido. Por otro lado, el término istmo hace referencia a la unión de dos objetos. Se usa generalmente en geografía para referirse a dos lenguas de tierra que se si bien no se unen, se acercan formando casi un puente. El istmo de Panamá, que une las Américas Central y del Sur, es un buen ejemplo de este tipo de formaciones.

Pensaba que de la conjunción de estos dos términos podemos extraer uno nuevo. O sea, visto a la distancia, un matadero es como un río de cabezas de ganado fluyendo en dirección a la guillotina. Los cuerpos de esos animales están unidos por la estrechez del camino, pero cabe pensar que se tocan, se acarician como presintiendo el final. Las vacas se mueven en bloque por caminos estrechos como las calles céntricas, como las veredas. Y la guillotina al final del camino no es más que la oficina al final del nuestro. Al final de nuestra libertad.

Capítulo aparte para la semejanza entre kaput como onomatopeya y la parte del cuerpo más sufrida con la esclavitud laboral.

lunes, 11 de febrero de 2008

Cuidado cuando duermas...

Viajes en el tiempo???



Un grupo de científicos cree que, a partir de mayo, sería posible poner en funcionamiento una máquina que genera agujeros de gusano (que conectan el pasado-presente-futuro). La noticia, estruendosa como el Big Bang, pone a girar desesperadamente los engranajes de la ciencia ficción y se agota en el título, pues tales agujeros serían apenas del tamaño de unos pocos átomos.
Yo me permito ir más lejos, y preguntarme sobre las consecuencias de tal descubrimiento cuando el agujero permita el tránsito de algo un poco más grande, digamos de algo grande como usted, lector.
Esa sería, querido Fabián, la sentencia definitiva sobre el Capitalismo. ¿Buscábamos una revolución suficientemente poderosa para destronar al monstruo con eficacia mediática incuestionable? Pues vayan 100 puntos de rating para este evento. Recuérdese esta fecha como el desengaño ante la más tonta ilusión o el principio del fin de... ya veremos.
Aunque hubiera que reptar por su interior como accediendo a las cuevas de estalactitas entripadas en las montañas, ahí me verían haciendo cola para arrastrarme hacia otro tiempo. Después de todo, nunca me gustó el sistema.

DEFINICIONES DE AMBROSE BIERCE

CAPITAL, s. Sede del desgobierno. Abastece de fuego, olla, cena, mesa, cuchillo y tenedor al anarquista, quien sólo coopera con la desgracia antes de la comida.

CERDO, s. Notable por la universalidad de su apetito, y que sirve para ilustrar la universalidad del nuestro. Tanto los mahometanos como los judíos no favorecen al cerdo como producto alimenticio, pero lo respetan por la exquisitez de sus costumbres, la belleza de su plumaje y la melodía de su voz. Esta (sic)ave es muy apreciada particularmente como cantante; una jaula completa, puede hacer que más de cuatro lloren. El nombre científico de este pajarito es Porcus Rockefelleri. El señor Rockefeller no descubrió al cerdo, pero se lo supone suyo por derecho de semejanza.

DINERO, s. Don que de nada nos sirve hasta el momento en que nos separamos de él. Asomo de cultura y salvoconducto que nos permite el ingreso a una sociedad elegante. Posesión soportable.

IMPUNIDAD, s. Riqueza.

RIQUEZA, s. Don del Cielo que significa:

"Este es mi bien amado hijo, en quien he puesto toda mi complacencia" (John D. Rockefeller)

"Distinción del esfuerzo y la virtud" (J. P. Morgan)

"Los ahorros de muchos en las manos de uno" (Eugene Debs)

El inspirado lexicógrafo lamenta no poder agregar nada de valor a estas excelentes definiciones.

WALL STREET, s. Símbolo de pecado expuesto al juramento de todos los demonios. Que Wall Street sea una cueva de ladrones, es una creencia con que todo ladrón fracasado sustituye su esperanza de ir al Cielo.

domingo, 10 de febrero de 2008

SEDE DEL BANCO MUNDIAL

DECIRES (Roque Dalton, El Salvador, 1933-1973)

«El marxismo-leninismo es una piedra
para romperle la cabeza al imperialismo
y a la burguesía.»

«No. El marxismo-leninismo es la goma elástica
con que se arroja esa piedra.»

«No, no. El marxismo-leninismo es la idea
que mueve el brazo
que a su vez acciona la goma elástica
de la honda que arroja esa piedra.»

«El marxismo-leninismo es la espada
para cortar las manos del imperialismo.»

«Qué va! El marxismo-leninismo es la teoría
de hacerle la manicure al imperialismo
mientras se busca la oportunidad de amarrarle las manos.»

¿Qué voy a hacer si me he pasado la vida
leyendo el marxismo-leninismo
y al crecer olvidé
que tengo los bolsillos llenos de piedras
y una honda en el bolsillo de atrás
y que muy bien me podría conseguir una espada
y que no soportaría estar cinco minutos
en un Salón de Belleza?

jueves, 7 de febrero de 2008

El valor del número

Uno habla de sentimientos, otra de palabras, y por ahí creo que estamos hablando de la misma cosa.

Por lo menos así lo parece en la distancia, en la distancia que separa la cosa de su nombre. La cosa existe sin preámbulos, la palabra pretende apropiarse de la cosa, la cosa como propiedad. Pero es un deseo, la propiedad de la cosa es un deseo de poder, de poder divino, es el deseo de la capacidad de crear y destruir. Tal vez los sentimientos no existan, tal vez en ese punto no haya cosa y todo sea una construcción lingüística.

¿Cómo entonces contemplaremos al capitalismo, cosa lingüística, señalética complejísima, cuya cosa referida no existe? El capitalismo se apoya en unos de esos sistemas, es un ejercicio de poder que perfecciona las relaciones verticales con delicadísimos matices. Se parece más al yenga, ese juego de palitos apilados; no hay tal equivalencia entre bueyes y canicas. El número que se le otorga al buey pretende asemejarse al de las canicas. El número lo pone una persona, esa persona lo decide en función de su estima por ese producto… Y entonces entramos en el campo de los sentimientos: eso que más deseo, eso me cuesta más entregar. Como la virginidad en tiempos de adoración foucaultina de la sexualidad sagrada.

Algo de fe en el encuentro conservo, no tengo opción, no cuando pretendo proseguir estas palabras entre aburridos.

lunes, 4 de febrero de 2008

¿Quién sos, Capitalismo?

Un día de octubre empezó la charla, un tanto exótica, entre dos aburridos[1] deseosos de superar ese estado. O quién sabe.

La culpa de todo, decía uno de nosotros, es del capitalismo.

Entonces él decretó la muerte del capitalismo; "le doy dos años de agonía" creo que dijo (no se tome esto como cita, desconfíese de la memoria).

Por eso en una post-data exigí la sentencia del capitalismo explayada.

Desde Pinamar me contestó que el "capitalismo nos ha hecho pensar que si nos gusta lo que hacemos no es trabajo. Que el trabajo es una tortura utilizada por los conquistadores romanos en sus territorios anexados y otras cosillas". Poderoso don dinero, don capitalismo más aún, que nos hace pensar cosas. Por lo menos, persuasivo. A mí me ha hecho creer que el trabajo es una ecuación precisa: se resta de un lado y se suma del otro, y eso es una igualdad, o más precisamente, una equivalencia.

No aplaudo mis matemáticas, pero es algo masomenos así:


+ dinero + tiempo + placer ...... - dinero - tiempo - placer
______________________ = ____________________
felicidad ....................................... infelicidad

Es palabra recurrente esto de la Felicidad, en el Bien Más Preciado, es la cúspide del Deseo. Todos deberíamos aspirar a ella. Lo dice Cohelo y lo repite Bucay, íconos del capitalismo a mi entender, ellos que proclaman a gritos sus recetas felices, tan adecuadas al manejo de poder capitalista. Básicamente, no te rasques las pulgas del sistema, predican. Pero encubierto, obvio, si ellos se creen sus propias recetas de Felicidad.

Entonces me sorprendió una reflexión transgresora. Transgresora de mis límites de reflexión "¿Pero qué hay con los sentimientos? ¿Pertenecen a uno mismo o se complementan con lo ajeno? ¿Si alguien busca a otra persona, es por esa otra persona o para satisfacer su capitalismo espiritual?" me escribió. Pues habría que pensarlo. Le diría que sí, desde el interior del sistema. Le diría que no, cuando no adscribo al sistema.

La reciente caída de la bolsa nos devolvió al tema económico. Mientras le daba la extrema unción, miró hacia adelante en busca "del sistema que va a suplantarlo, que por mi parte sería sencillo: no hay sistema. De la misma forma en que no existe un santuario, ni buenos, ni malos, mi respuesta es esa" finalizó. Y para mí ese final fue un principio:

El capitalismo, agonizante, tal vez esté muerto hace mucho. Sobrevive ese parásito que es la tontera, el pedazo de carne que permanece donde lo han colocado. La parte triste no es el permanecer sino el conformarse con eso y creer que eso es grato. Venden Mar del Plata como el sueño, el deseo, la utopía. Utopía sí (por eso del no-lugar), pero etiquetada. Tal vez ese sea el gran poder del capitalismo, o de este sistema de confort empaquetado; mantener cautiva la mente, la persona, para que no sea persona.
Entonces sí, le acepto que el capitalismo se ha ahogado, digamos que se ha llevado al fondo del ponto a toda esa masa de carne atontada.
Pero es una cuestión lingüística para despistar... Ahogado el monstruo, el atontado cacho de carne cree que recupera la autonomía. Ja! la jugada suprema del monstruo. Porque el monstruo sigue estando, tal vez se llame de otra manera, tal vez venga con otra máscara, pero sigue ahí. No sé si alguna vez pueda ser erradicado, cada vez más me convenzo de que es necesario. Pareciera que sin rebelión no hay crecimiento, y para rebelarse hace falta separarse del opresor, del monstruo.

Y de ahí me fui a la inmanencia de los sistemas y a la Teoría del Caos.Y le requerí una explicación del sujeto de discusión. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Capitalismo?

Claro, el tema da para más, por eso lo abrimos.



[1] Los aburridos éramos Fabián Sancho y Clara Luz Muñiz. La charla empezó en octubre del 2007.